Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, navegaba yo esta mañana por el litoral mediterráneo y … ¡Allí estaban! Asándose al sol vuelta y vuelta. Cienes y cienes de cuerpos adquiriendo el color “gamba de 6€/ud.”, prestando sus dermis a la despiadada acción de los rayos UVA (mala uva en algún caso) UVB y demás emisiones del Astro Rey en la esperanza de la pronta acción de la melanina.
El olor a cremas bronceadoras, protectoras, aftersunes, hidratantes, antiarrugas y demás productos cosmético-detergentes inundaba toda la brisa marina.
Una suerte de bosque de toldos, sombrillas y parasoles varios me impedía ver con claridad el habitual paisaje de edificios desiguales, auténticos atentados contra el buen gusto y la arquitectura.
Ante la zozobra que me invadía y que amenazaba con extenderse al resto de mi barco (lo que nos habría llevado a pique y no era plan), decidí enviar un SMS a Peter Pan solicitando una tregua para poder regresar a mi refugio de Nunca Jamás y esperar tranquilo al fin del estío.
De modo querido lector que a partir de hoy y hasta finales del verano escribiré desde mi remota residencia, con las dificultades técnicas que ello entraña y que seguramente repercutirán en la apariencia de mis escritos (cambio de tipografía, etc.).
Con Dios.

