martes, 16 de marzo de 2010

Flipada nº 21. Reciclada.

Recuerdo de hace años una canción de Bob Dylan que se titulaba “Man Gave Names To Al The Animals” en la que el cantautor relataba con qué criterio el ser humano les puso los nombres a los animales. Oiga, y que lo hizo la mar de bien para ser tan primitivo: no sólo les puso nombres adecuados a sus prestaciones, sino que, además ¡rimaban con ellas!

Es evidente que la evolución de la especie ha traído consigo importantes y valiosos avances … bueeeno a lo mejor no es tan evideeeente … en fin, piense el lector lo que guste. Yo a lo que iba es a que con todos esos avances el ser humano ha perdido en algún caso esa frescura del principio a la hora de ponerles nombre. Se dan algunos casos en que de hecho el nombre no tiene nada que ver con el objeto nominado, sirva de ejemplo “volante” para describir la rueda con se maneja la dirección de un coche: es obvio que no vuela. Otras, son más acertadas en principio, pero se pierde la relación con su nombre a la hora de llevarlas a la práctica, y ahí es a donde yo quería llegar.

Recientemente, tuve que hacer un viaje y paré en una gasolinera a repostar combustible que, por otra parte, es lo suyo. Pues bien, en un rincón del recinto me encontré con esto



Aclaro: en el rótulo pone ¡Punto limpio!

Convendrá el lector que, aunque en su momento la intención fuera la que reza en el cartel, el desarrollo deja bastante que desear. Vamos, que limpio, lo que se dice LIMPIO ...

El caso es que se supone que uno, como buen ciudadano, debe separar sus basuras y depositarlas en contenedores específicos de cada tipo de residuo. Bien por la idea, aunque yo diría que la separación de basuras debería ser a cargo de las empresas que se lucran con el tema y no del ciudadano que las paga. Digamos que si una máquina es capaz de separar automáticamente dos huevos que se diferencian en tan sólo unos gramos, será capaz de separar materiales que no tienen nada en común. Además, tampoco dan muchas facilidades. A veces los contenedores, si existen, están tan lejos que a uno le entran ideas de mandar la basura por correo. En el caso de la imagen están en las afueras de la ciudad de forma que, al parecer, quedan demasiado lejos hasta para la empresa encargada de recogerlos.

Con Dios.

jueves, 4 de marzo de 2010

Flipada nº 20. Made in Spain

Tiene uno que haber hecho las cosas o muy bien o muy mal para que, generalmente post-mortem, le dediquen una calle.


Ilustraré el párrafo anterior con unos ejemplos. Pongamos que hablo de Madrid (¿dónde he oído yo eso?):


Calle del Doctor Fleming. ¿Qué ciudad, al menos española, no tiene una calle dedicada al eminente descubridor de la penicilina? Este buen escocés acabó con la mayoría de los azotes de la humanidad hasta entonces. Es uno de los principales contribuyentes a que la esperanza de vida haya aumentado en el último medio siglo de forma espectacular, lo cual está generando más de un dolor de cabeza a algún politicastro con lo de la edad de jubilación, pero eso es otra historia y lo cierto es que este hombre se merece el detalle.


Calle de Torquemada. “El martillo de los herejes, la luz de España, el salvador de su país, el honor de su orden”, según el cronista Sebastián de Olmedo, aunque las tachaduras son cosecha de un servidor de ustedes. Bueno, para no entrar en detalles se recomienda al lector que obvie los calificativos centrales, ya tachados, y se quede con el primero y el último. Cuentan algunos que a este fraile se debe la muerte en la hoguera de unas 10000 personas.


En fin, que se da uno una vuelta por una ciudad cualquiera y se ve rodeado de los tributos que les ha otorgado el gobierno consistorial de turno a los personajes más variopintos, dando a veces una buena aproximación a las ideas de los ediles.


Hasta que, de pronto …


Calle de las Eras del Tío Cañamón. ¡Sí señor! Esencia hispana en estado puro. El homenaje a la España profunda. El apelativo patrio por excelencia (sustituya el lector Cañamón por el sustantivo o adjetivo que se le ocurra, que seguro que alguien lo conoce) llevado a los altares reservados a las mentes más prodigiosas o los héroes de leyenda.


Me va a permitir el lector que no mencione la localidad (aunque a los curiosos no les costará trabajo averiguarla) para que nadie se me vaya a ofender. De hecho, no escribo esto con ánimo peyorativo, es que, simplemente, me llamó la atención.


Entiendo que mis méritos no llegan a los del Dr. Fleming ni, desde luego, a los de Fray Tomás de Torquemada y me temo que tampoco a los del buen Tío Cañamón, pero oiga, si los políticos tienen calles, yo también.




Con Dios.

jueves, 25 de febrero de 2010

¡Cómo pasa el tiempo!

Viñeta del genial Forges


Pues sí, querido lector, me ha costado más de un año ponerme otra vez las pilas y limpiar el polvo del barco a ver qué tal navega después de tanto tiempo en el dique seco.


¡Cómo pasa el tiempo! Hace “cuatro días” que tenía a mi hija en brazos intentando que se durmiese mientras la condenada se dedicaba a estirarme de la barba y el otro día me dispara a bocajarro que le gusta un muchacho del cole … así sin más … sin anestesia.


La mentada barba subió de golpe un par de tonos más hacia el color blanco, haciendo que cada vez me parezca más a Papá Noel, cosa que tampoco me va a ayudar porque ya no cree en el gordito simpático.


Hace unos años, siendo ella aún chiquita, descubrió por amigos nuestros que hay gente que comparte piso para que le salgan menores los gastos. La cosa es que ella ató cabos a su manera y pensó. De resultas de su reflexión salió la siguiente conversación:


- Papá, cuándo tú y mama os muráis ¿nuestro piso será para mi? – preguntó.


- Supongo que sí ¿de quién si no? – contesté.


- Entonces, le diré a Coral (su amiguísima) que se venga a compartir piso conmigo. – afirmó.


- Vaya – dije yo – estarás deseando que me vaya al otro barrio para compartir el piso con tu amiga.


Siguieron unos instantes de reflexión y dijo:


- No papá. No hay prisa. Puedes morirte cuando tú quieras.


A día de hoy, no me atrevo a recordarle la conversación por si no está dispuesta a darme tanto margen. Y … la pregunta crucial … ¿Con quién querría compartir el piso ahora?



Con Dios.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Naturaleza Viva (Episodio 4)

Si bien esta sección se inició con el propósito de desentrañar y denunciar los errores de la Madre Naturaleza, hasta que se me ocurra alguno, he decidido darle una vuelta de 180º al asunto y tratar también algunos de sus palpables aciertos.


Son corrientes los debates sobre qué parte del cuerpo humano es más importante o cuál es la mejor diseñada. Unos dicen que es … bueno, dejémoslo. Hay hasta concienzudos estudios científicos al respecto.


Yo, que no soy tan científico, pero tengo un tamaño capital considerable, puse a funcionar la escasa docena de neuronas que me deben quedar más o menos hábiles y llegué a la conclusión de que en todos esos debates hay una parte de nuestra anatomía que es la gran olvidada: la oreja.


Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha adornado sus pabellones auditivos con todo tipo de alhajas y demás pendientes. Cierto es que, con la evolución de las corrientes estéticas, hoy en día se puede uno encontrar con alhajas en las partes (puede el lector poner comillas si desea) más insospechadas, pero, se quiera o no, se empezó con las orejas.


Las orejas, a la postre, han servido al ser humano para apoyar las deficiencias de otros órganos sensoriales y nunca mejor dicho lo de apoyar, ya que sin la ayuda de las orejas, no habría sido posible el uso de las gafas. El lector abogado del diablo, me dirá que ahora existen las lentes de contacto, con lo que los ojos han recuperado su independencia, pero … ¿alguien usa lentillas de sol? ¿eh? ¿eh? No me sea tan listillo y, sobre todo, no me contradiga que el artículo lo estoy escribiendo yo … ¿está claro? … pues eso.


Prosigo …


Las orejas hasta hace nada, han sido las mayores aliadas de los educadores, entiéndase tanto padres como maestros. Un tirón de orejas y solucionado el problema. Han sacado tratados y leyes contra el tirón de orejas y ahora no hay quien meta a los pupilos en vereda.


Pero no solo se han empleado eficazmente para la represión, también han tenido y tienen un papel fundamental en algún que otro acontecimiento jocoso-festivo. Ponga el lector por caso, la felicitación de un cumpleaños. Ahí el papel de las orejas es de primer orden. Piense lo que podría ser felicitar los años a alguien metiéndole, una y otra vez, el dedo en el ojo, sobre todo, a partir de ciertas edades. La alternativa de la nariz se me antoja algo sucia. Así pues y una vez más: las orejas. Además son dos, con lo cual, a partir de los diez o doce años, se reparte el esfuerzo y potencial sufrimiento del homenajeado.


Hay antecedentes históricos relativos a la importancia de las orejas, incluso pasajes bíblicos: San Pedro le cortó una oreja a un soldado de los que arrestaron a Jesús. Fíjese el lector que con una espada hay cientos de mandobles más sencillos de ejecutar y, sin embargo, el apóstol decidió desorejar al individuo.


Una de las sagas cinematográficas más relevantes es la de Star Trek. En ella se puede apreciar que para diferenciar al alienígena Sr. Spok, los guionistas eligieron como elemento significativo las orejas. De nuevo el lector picajoso puede argumentar que también las cejas del ínclito vulcano eran diferentes a las del resto de los humanos… ¡pues no señor lector! Nosotros aquí en España tenemos a un señor con unas cejas similares presidiendo el gobierno de la nación y se sabe de muy buena tinta que, lejos de ser extraterrestre (pese a la opinión de algún partido opositor), es de Valladolid.


Modernamente el diseño de las orejas está permitiendo la transportabilidad de elementos tan esenciales para la supervivencia de nuestra civilización como los pinganillos de los aparatitos de mp3 e incluso algunos modelos de telefonía móvil de no sé qué generación.


Si es que hasta en la tauromaquia, el objetivo del diestro son las orejas del astado, entendiendo, por asimilación, que se está conquistando una parte especial del bicho. Lo del rabo ya es por añadidura, ya que orejas no hay más que dos.


Así pues, querido lector, tome usted mayor conciencia de sus orejas y cuídelas especialmente, si no por justicia, al menos porque son unas partes del cuerpo – y esto sí es científico – que no paran de crecer durante toda la vida lo que supone con una expectativa de vida cada vez mayor, que dentro de unos años el mundo estará inundado de venerables orejudos … ¡Y no querrá usted lucir en su vejez un par de enormes orejas hechas polvo!


Con Dios.



miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz Año 2009

A pesar de mis ausencias, no podía dejar de desearle, amigo lector, toda la felicidad posible para el 2009 y que la crisis, o lo que quiera que sea eso que nos venden, sea benévola para todos.

Renuevo mi deseo de volver pronto para hacerme cargo de la nave como desearía, pero con los líos que llevo últimamente entre manos, no pudo prometer más que intentarlo.

En todo caso, querido lector, gracias por estar ahí y, lo dicho: feliz año 2009.

Con Dios.

domingo, 5 de octubre de 2008

Hello.


Bueno querido lector … ya estoy de vuelta. No sé si pedirle disculpas por desaparecer tanto tiempo sin decir nada, o por volver de nuevo sin avisar. En todo caso, agradezco el interés demostrado por algunos amigos que han seguido visitando el barco a pesar de mi ausencia.


Me he concedido un descanso blogueril durante el cual he disfrutado de un verano con todas las características propias de la estación por esta aguas: invasión de turistas mutantes (primero blancos, después rojos y finalmente despellejados), treinta y muchos grados acompañados de una humedad relativa cercana al 80 % (lo que explica el poco éxito que tienen las saunas por aquí), fiestas tradicionales en las que se ha consumido más pólvora que en Vietnam, con sus explosiones, tiroteos y demás, amenizadas por orquestas que sonaban aún peor que la pirotecnia … vamos, un clima de relax y serenidad como para hacer ejercicios espirituales.


Ya al principio del verano, intenté una huida que me llevó a aguas británicas, concretamente a Londres. Había estado en otra ocasión, pero esta vez, acompañado de amigos nativos, pude conocer la ciudad mejor y vivir más cerca las costumbres de sus habitantes.


En ese sentido, el viaje resultó francamente corto, pues las costumbres inglesas son ciertamente muy particulares. Por ejemplo, nunca llegué a acostumbrarme a buscar la parada del autobús en la acera correcta. Uno está acostumbrado a que el vehículo le venga por su izquierda, para llevarle hacia su derecha … en Londres, no. Y no solo ahí, me han dicho que en el resto del Reino Unido también circulan por el otro lado.


Una cosa que sí me llamó mucho la atención fue el nivel cultural de los británicos. Fíjese, amigo lector, que los niños, desde su más tierna infancia, ya hablan inglés y muy bien por cierto.


Lo dicho: muy corto …


De vuelta a aguas patrias, encontré que el país seguía inmerso en un debate entre la psicología y la física. Mientras la oposición se empeñaba en hablar de crisis, el gobierno insistía en la desaceleración. Todo ello para intentar describir una situación bien sencilla: el bolsillo del españolito de a pie está más pelado que una bola de billar. Pero no vaya a pensar que nos va mal por eso, oiga … ¡Que ganamos la Eurocopa de fútbol! ¿A quién le importa si esto es una crisis o una desaceleración si somos campeones de Europa? Los que están en crisis o desacelerados son los alemanes que perdieron la final. ¡Ya quisiera Alemania ser como España!


Bueno, querido lector, no me voy a extender más. Piense que he estado unos meses sin escribir y así de golpe podría sentarme mal, podrían empezar a dolerme los dedos, los ojos, el teclado … Podrían morírseme unas cuantas de las pocas neuronas que me quedan vivas.


Hasta la próxima flipada, quede usted


Con Dios.


domingo, 11 de mayo de 2008

Flipada nº 19 (Flipó mi tía)

¿Cuántas veces habrá oído, querido lector, la frase “es para mi como un hijo”? Tal vez, incluso la haya empleado más de una vez … puede que cambiando el filial parentesco por uno fraternal, o paternal, o …


Siendo que, cuando empleamos el término, nos suele guiar un gran afecto hacia la persona objeto, me permitiría sugerir desde aquí que se guarden ciertas precauciones en su uso.


Si le sale del alma, dígalo, no se preocupe. Pero, por su bien, no insista demasiado en el tema. Verá por qué lo digo.


Hace un par de años y pico, mi esposa fue invitada a visitar Guinea Ecuatorial, por una amiga que, aunque de nacionalidad española, es nativa de ese país. Mi mujer, que es aficionada a viajar hasta el fanatismo, no pudo resistirse a la invitación y allá que fue. Fíjese el lector que no soporta la idea de las inyecciones (de hecho se pone mala con la sola mención de un pinchazo) y pasó estoicamente todo el protocolo de vacunación recibiendo más pinchazos que un toro de lidia, con tal de no perderse el viaje. Pero en fin, no es ese el tema.


La cosa es que una vez allí, conoció a toda la familia de su anfitriona entre la que se encontró a un muchacho de unos veinte años, quien le contó que no había podido consumar sus intenciones de estudiar por falta de medios en su familia y en su país en general. Mi señora, que además de viajera tiene vocación de ONG unipersonal, le dijo que si se atrevía a venir a España, ella le costeaba los estudios. Apunto entre paréntesis, que yo de todo esto, en el más depurado estilo Rodríguez: no tuve ni idea hasta su vuelta.


El muchacho aceptó y pocos meses después aquí estaba. Mi mujer comentaba orgullosa a los cuatro vientos que era como adoptar un hijo, incluso se lo dijo a él, que desde entonces se dirige a ella como “madre”.


Un buen día, estando el muchacho solo en nuestra casa, sonó el teléfono y él diligentemente lo atendió. Era una tía mía. Pero una tía de las importantes, de esas que le han visto nacer a uno, etc., etc.


Dígame – contestó el muchacho.


Hola. Preguntaba por Garfio. Soy su tía – contestó mi tía.


No está. Yo soy su hijo. Si quiere algún recado … - continuó él.


¡Uy! No. Me debo haber equivocado. El Garfio que yo digo no tiene ningún hijo mayor, solo una hija – se disculpó mi tía.


El muchacho, en vista del equívoco, intentó resolver la situación y …


No, no. Ha llamado usted bien – contestó – en realidad SOY HIJO DE SU MUJER.


Le ahorro al lector el resto de la conversación, que incluye un medio ataque de nervios de mi tía, quien, en cuanto colgó el auricular (mi tía es tradicional y usa un teléfono fijo), llamó a mi madre para pedirle explicaciones.


Así pues y a modo de moraleja, querido lector, demuestre su cariño y afecto cuanto quiera, pero calibre bien el alcance sus efusiones. Si no lo hace por usted, al menos hágalo por su tía.


Con Dios.

lunes, 21 de abril de 2008

Flipada Cañí

El mes pasado, España estaba convocada a expresar su opinión … y España habló. El elegido en olor de multitudes fue Rodolfo Chikilicuatre. Este personaje es, sin duda, el más controvertido de los últimos tiempos: o se le venera, o se le repudia sin contemplaciones.


Hay voces que claman por el daño que a la imagen patria puede dar el amigo Rodolfo en su periplo eurovisivo. Pues yo me voy a permitir desde aquí expresar mi total acuerdo con que este hombre nos represente en Eurovisión. Cierto es que la puesta en escena es de lo más grotesca (friki se dice ahora); cierto es que la “canción” es malísima … pero no menos cierto es que llevamos desde 1969 sin comernos una rosquilla en el ínclito festival y que desde hace unos años, la calidad de los concursantes brilla, pero por su ausencia, incluida y, en algún caso con mención especial, la española.


Es en este punto en el que yo me permito abogar por nuestro Chikilicuatre: se trata simplemente de una imagen ilustrativa de lo que es ahora mismo el Festival de Eurovisión. No nos olvidemos que el año pasado, creo, ganaron una especie de Trolls con un tema infumable y una calidad interpretativa propia de su condición. La puesta en escena era por goleada mucho más grotesca (hoy en día friki) que la de nuestro Rodolfo.


Tenga en cuenta el lector que individuos como el Chikilicuatre, los vemos a diario por las calles y en los programas televisivos, mientras que, para encontrar gente como los que ganaron el año pasado, hay que ver El Señor de los Anillos o algo similar, y sin embargo … ganaron.


Con la presentación de Rodolfo Chikilicuatre, Europa va a ser consciente de que España sabe reírse de sí misma y reírse con los demás. Desde que se presentaron los “Triunfitos” con la abanderada Rosa al frente (año 2002), no se había prestado tanta atención al festival. Y fíjese el lector que fuimos a Estonia, país por aquél entonces recién salido del oscurantismo y haciendo denodados esfuerzos por ponerse al día, a cantarles “Europe’s living a celebration” … eso sí que podían haberlo considerado una broma de mal gusto. No entro a valorar la calidad artística de nuestra/nuestros representante/s, pero estará el lector conmigo en que la elección del tema musical fue de lo más desafortunada. Al año siguiente llevamos a otra "Triunfita" para cuya actuación se debería abrir un nuevo capítulo en Código Penal y así sucesivos "Triunfitos", pero sin triunfos ... hasta Las Ketchup, que fuera del "Aserejé" ...


Hago pues votos porque se tome la actuación del Chikilicuatre como lo que es: una parodia de un festival que hace ya muchos años que lo es en sí mismo (hoy en día se diría que es friki).



Con Dios.

lunes, 31 de marzo de 2008

Despropósito

Tras un breve descanso concedido a mis escasas neuronas supervivientes (no muy allá, pero vivas), heme aquí de vuelta dispuesto a inaugurar un nuevo año de travesía bloguera. Así que, querido lector, está usted avisado. Ya sabe que, como reza la sabiduría popular, el que avisa no es traidor ni mal amigo.

Y hablando de sabiduría, o mejor dicho, de falta de sabiduría, hace unos días se cumplieron cinco años del comienzo de la invasión de Irak. El lector habitual de este sitio, ya sabe mi opinión general sobre los políticos, sean del color que sean, pero oiga, hay veces que se superan a sí mismos.

Coincidiendo con la desgraciada efemérides, el ex - presidente del gobierno de España, el inefable Sr. D. José María Aznar, virtió unas declaraciones a la BBC británica en las que decía que la gente en Irak está ahora mejor que antes de la invasión.

Ante tamaño despropósito a uno le asaltan todo tipo de dudas:

Duda nº 1: ¿el Sr. Aznar ve los telediarios?

Duda nº 2: ¿qué entiende el Sr. Aznar por vivir bien?

Duda nº 3: además de beber vino a gusto ¿el Sr. Aznar toma drogas?

No voy a dar estadísticas de sobra conocidas sobre los “daños colaterales” que ha causado (está causando) el conflicto, pero vaya, solamente el ejército norteamericano acumula 4000 muertos y eso que es el que tiene las mejores armas y no pone civiles en juego.

De todas formas, me permito recomendar al Sr. Aznar, que se vaya a vivir a Bagdad ya que se vive tan bien. Quizás el único problema sea encontrar vivienda y no como aquí por su elevado precio (eso no es problema para nuestro amigo) sino porque la mayoría están en ruinas y las que no, sin luz eléctrica, sin agua, etc.

En un estado democrático, a veces ganan los que creemos buenos, otras veces los que creemos malos, pero estará el lector conmigo en que lo peor es que ganen los que sabemos tontos.

Ya escribí en alguna ocasión que a la vez que al ser humano se le dio el don de la inteligencia, la estupidez iba en el mismo lote. Si la guerra es la mayor expresión de esa estupidez, las declaraciones de este individuo le hacen acreedor a una cátedra en la materia.

Es realmente vergonzoso que un ser humano esté orgulloso de tamaño desastre y especialmente vergonzoso para mi como español, que esta mala caricatura de persona me represente ante ciudadanos de otros países.

En fin, amable lector, le pido disculpas por empezar mi segundo año en La Ortiga con este artículo, pero hay cosas que uno debe evacuar de su cuerpo para no enfermar. Ya digo que estoy cuidando mis neuronas todo lo que puedo.




Con Dios.

domingo, 16 de marzo de 2008

Un año

Bueno, querido lector, tras una intensa actividad laboral y personal, heme aquí de nuevo después de estar unos días fuera del ruedo bloguero. “No hay mal que cien años dure” dice el refrán “ni cuerpo que lo resista” concluye.

Y hablando de resistencia, entre tanto, La Ortiga ha cumplido su primer añito de navegación que comenzó el 11 de marzo de 2007. Debo decir que jamás pensé que esto iba a llegar tan lejos. Cuando digo tan lejos me refiero tanto al año de vida, como a la cantidad de visitantes que el barco recibe y, por supuesto a la amistad y el cariño demostrados por la mayoría de mis (sepa disculpar el lector el posesivo) visitantes-visitados. El símil naval de este bló, casual en un principio, se ha hecho tangible en la diversidad de orígenes de estas visitas. Estoy realmente orgulloso de poder relacionarme con tanta buena gente de sitios tan diferentes y lejanos. Reciban mi agradecimiento por este honor.

Espero cumplir más años al timón del barco y poder compartirlos con usted, querido lector …

Con Dios.


miércoles, 27 de febrero de 2008

Bip ... biiiiiip ...


Bip … biiiip … Me entra un SMS. Lo miro y leo: “mmmhh, no sé, tal vez me atrevería. Sara. Le doy al botón para bajar el texto y leo: “manda un SMS con la palabra Sara al 1234 (advierto a algún potencial lector “efervescente” que NO es el número correcto).

Pasada la primera impresión, me acordé de una anécdota de hace unos años a raíz de un SMS que recibí. Estaba yo viendo la TV en el salón de mi casa acompañado por mi esposa, cuando … bip … bip … bip-bip (por aquel entonces yo tenía otro teléfono de ahí que los bips no tengan la misma secuencia) en el que ponía algo parecido a: “Buenas noches amor. Me voy dormir para poder soñar contigo. Te echo mucho de menos. Hasta pronto”. Aquella vez, no me pedían que enviase un SMS con palabra clave. ERA AUTÉNTICO. “¿Quién te envía un mensaje a estas horas?” inquirió mi costilla. “¡Ejem! pueeees … no sé” tartamudeé yo “no conozco el número y además pone cosas que no sé de qué van”. “A ver” ordenó. Le di el móvil y leyó. “¿Pero de quién es esto?” preguntó con una cara de cabreo creciente. “Yo qué sé. Te digo que no conozco el número. Se habrán equivocado” intenté salir del paso sin saber en absoluto de qué paso tenía que salir. “¿Cómo se va a equivocar alguien y mandarte esto A TI?” continuó estilo GESTAPO. En este punto, yo no sabía si ese A TI tan contundente se debía a que no se estaba tragando la historia o es que no consideraba posible semejante declaración dirigida a mi persona. “Pues por eso, porque se ha equivocado quien sea” le contesté con una voz de medio falsete. “Y si llamo ¿qué pasa?” me desafió. “Pues llama si te quedas más tranquila. A mi, que me registren”. Y llamó. Para colmo era una chica joven. Le pidió explicaciones del mensaje. “¿Quién eres?” … “Es que le acabas de mandar un mensaje a mi marido” … “Ya” … Entretanto, a mi me corría un sudor nervioso por la espalda, no porque tuviese nada que ver, sino porque si la interlocutora no daba explicaciones razonables, yo me veía en globo.

Afortunadamente, las dio: “Bueno pues que sepas que te has equivocado” … “Nada, no te preocupes” le iba tranquilizando mi mujer. Era un mensaje para su novio y, lo más convincente: la chica estaba acostada en su cama en las Islas Canarias.

Bueno ¿te has convencido de que era una equivocación?” le dije en un tímido intento de contraataque. “Sí, sí” contestó y siguió mirando al televisor, dando por zanjada la cuestión sin más. “¿Cómo que sí-sí?” pensé yo. No me atreví a decírselo, no se fuese a liar la cosa en una batalla que algo me decía que no iba a ganar.

La cuestión es que, después de someterme al tercer grado en un interrogatorio digno del mismísimo Fray Tomás de Torquemada, de haber sospechado de mi hasta el punto de llamar a la muchacha, me deja con un “sí, sí” y se queda tan tranquila.

Querido lector, el día que éste que suscribe sea capaz de entender los laberínticos senderos de la conducta femenina … ¡tonterías! No lo conseguiré jamás.

Querida lectora, no considere esto como una proclama sexista, más que como una declaración de incapacidad. Quedo a sus pies, por imposibilidad de llegar a su mente.

Con Dios.

martes, 19 de febrero de 2008

¡Dios mío! ... no.

Un sacerdote bendice la «boda» de dos elefantes … reza el titular de ayer de un diario local de por estas aguas.

Leí el titular en la primera página y no pude seguir leyendo pues tenía que entrar a trabajar. Imagínese el lector el mal rato que pasé. No cabía dentro de mí de ansiedad. Me sumergía en un creciente estado de irritación, de indignación, de … ¡Tenía que leer la noticia completa!

Miles de pensamientos y sensaciones invadían mi mente cual si de hordas bárbaras se tratase. Toda idea de civilización se me tambaleaba. ¿Dónde quedaban los principios morales? ¿Dónde los cimientos sociales en los que se asentaba nuestra cultura y forma de vida?

El tiempo pasaba y mi inquietud crecía ante las visiones y las premoniciones más espantosas y oscuras. ¿Adónde vamos a llegar? Me preguntaba.

Sonó el timbre que anunciaba el descanso y corrí escaleras abajo hasta la cantina dispuesto a desvelar todas esas dudas, esas inquietudes, esas amenazas y … el diario estaba en posesión de un compañero que leía con sumo interés la sección de horóscopos.

Me aposté a una distancia prudencial para, en el momento oportuno, hacerme con el ejemplar (el ejemplar se refiere al diario, no al compañero). De los horóscopos a los deportes y de ahí a los sucesos. Estaba a punto de agarrarlo del cuello, cuando plegó el diario y se dispuso a dejarlo encima del mostrador. Destino al que no llegó porque me hice con él prácticamente al vuelo, con gran asombro por parte del compañero, que a buen seguro no imaginaba esa agilidad en un individuo de mi aspecto. Varias páginas resultaron seriamente dañadas mientras las pasaba compulsivamente en pos de la noticia que había hecho tambalearse todos mis principios.

Finalmente la encontré. La leí. Me relajé … se trataba de un elefante … y una elefanta.

¡Uffff!

Con Dios.

Ver noticia completa.

jueves, 14 de febrero de 2008

Contra el abuso de menores

Últimamente se encuentran con demasiada frecuencia noticias de detenciones de bandas dedicadas al tráfico de pornografía infantil (ver enlaces 1 y 2). No es este el marco apropiado, ni soy yo una persona indicada para diagnosticar si se trata de enfermos o degenerados. Lo que sí puedo decir es que se trata de indeseables.

Sirva este artículo para hacer patente mi adhesión a la campaña iniciada por Luma utilizando la blogosfera para protestar contra estos abusos.

Con Dios


viernes, 8 de febrero de 2008

Conversaciones de ascensor

Hay cosas en la vida que a uno le gusta hacer solo. Se puede entender ese deseo de intimidad en casos como el de ir al baño o a un vestuario, por aquello del pudor. Pero ¿por qué esa misma necesidad cuando viajamos en ascensor?

Si subimos solos, casi ni nos damos cuenta del viaje. Estamos absortos en nuestros pensamientos, entramos en la cabina, pulsamos el botón correspondiente, prácticamente sin mirar y para cuando nos vamos a dar cuenta, ya nos encontramos en nuestra casa viendo la tele.

Sin embargo, si el viaje lo tenemos que compartir, nos entra una especie de claustrofobia, de situación embarazosa, de no saber adónde mirar y, dadas las reducidas dimensiones del habitáculo, no hay mucho para elegir.

En un intento de liberar nuestra creciente acumulación de energía, más que de ser corteses, nos dirigimos a nuestro compañero de viaje y le hablamos … del tiempo.

Pero ¿se ha preguntado el lector qué piensa el interlocutor mientras hablamos del tiempo? He intentado dar respuesta a esta pregunta, dibujando una serie de posibles situaciones.

(Entre paréntesis, los pensamientos)

Situación 1. Vecinos del 3º y 4º A.

3º A: Está el tiempo frío ¿eh? (¿qué coño estaría haciendo éste ayer a las 12 de la noche con sus muebles …?)

4º A: Sí, sí, yo ya voy por el segundo resfriado (y encima tú no me dejas dormir con la tele a toda castaña hasta las tantas …).

3º A: Y mira que son difíciles de quitar los resfriados en esta época ¿eh? (pues a ver si te vas a dormir a una hora prudente, en lugar de mover el mobiliario …).

4º A: Sí, sí. (si me dejaras descansar, ya se me habría pasado, capullo).

3º A: Bueno, ya he llegado. Que te mejores (y, si no, que te den … ).

4º A: Hala, hasta luego (a ver si se te estropea la tele, sorderas …).


Situación 2. Vecino del 4º B y vecina escultural del 5º C.


4º B: Está frío el tiempo ¿eh? (aunque a mi me estás vaporizando la sangre. Estás cada día más buenaza).

5º C: Sí, sí (este tío me está radiografiando. Viejo verde, baboso …).

4º B: Y anda que por las noches refresca más aún ¿eh? (aunque si yo te tuviera en mi cama, me ahorraba la calefacción de todo el año … ¡Mira que está buena la condenada!).

5º C: Sí, sí. Mucho (se le van a salir los ojos de las órbitas …).

4º B: Bueno, ya he llegado. A seguir bien (¡y tan bien! …)

5º C: Sí, sí. Adiós (cómprate una revista porno y desahógate, salido asqueroso …).


Situación 3. Vecinas del 4º C y 6º A.


6º A: Mari, qué frío hace (aunque tú tienes calorías de sobra … ¡Vaya culo que se le ha puesto!).

4º C: Sí hija. Yo me he tenido que comprar este abrigo porque me helaba (y tú aún llevas el de los últimos diez años … ya casi se transparenta …).

6º A: ¿Y cómo estaban las rebajas? (porque tú siempre compras de saldo … y así compras … ¡Virgen del Amor Hermoso qué culo!).

4º C: No, no. Este me lo he comprado con un trabajito de mi Pepe (no como tu maromo … encima de no dar un palo al agua, más agarrao que un chotis …).

4º C: Bueno, que ya he llegado. Adiós, Mari (y a ver si vas a la peluquería de vez en cuando, hija … ¡Qué pelos me lleva!).

6º C: Venga. A disfrutar el abrigo de tu Pepe (si es que no le cabe el culo por la puerta …).


Situación 4. La vecina del 4º B y la escultural del 5º C.


4º B: Holaaa ¿No tienes frío con esa ropa? Yo estoy helada (si es que no le dejas nada a la imaginación … so pendón desorejao …).

5º C: Pues no. La verdad es que no (se está poniendo azul la espantapájaros esta … no me extraña que el marido …).

4º B: Esta juventud. Anda que mi marido me iba a dejar salir de casa así (indecente … además si no tiene de dónde agarrar … no sé qué le ven los babosos estos …).

5º C: Bueno, ya sabe. Son otros tiempos, otras modas (ni tu marido, ni la policía te deja a ti salir de casa “así” … ¡anda y vete a vivir a un sarcófago, so momia!).

4º B: Bueno, yo ya he llegado. Cuídate con el frío, no vayas a caer enferma (niñata descarada … claro, después les pasa lo que les pasa … si es que van pidiendo guerra …).

5º C: Sí, sí. Hasta luego (haz ruido al entrar en casa, no vayas a pillar al pariente con la revista … y la próxima vez, sube en escoba …).


Situación 5. El vecino del 6º A y el del 4º C, forofos del Real Madrid C.F. y del F.C. Barcelona, respectivamente, aunque no sé si sabrá el lector que en la primera división del fútbol español, militan otros dieciocho equipos. Pongo al lector en antecedentes: la última jornada de liga, el Madrid perdió 2-0 con el Almería y el Barça ganó 1-0 al Osasuna, aunque el Madrid sigue líder con 6 puntos de ventaja. Hecha la crónica deportiva pertinente, volvamos al ascensor.


4º C: Está frío el tiempo ¿eh? Aunque dicen que en Almería lo tienen bastante bueno (je, je, je …)

6º A: Sí. Aunque menos mal que en Madrid sigue haciendo seis grados más que en Barcelona (¡catalino este! …).

4º C: Pues que los vayan disfrutando, que dicen que viene el cambio climático (os vamos a dejar el Bernabeu como un colador … lo de la ida, lo vamos a lavar con sangre …)

6º A: No, si al final igual tenemos un año de lo más … blanco (cambio climático el del Nou Camp en la ida … uno bajo cero … je, je, je …).

4º C: Bueno, yo ya he llegado. Dile a tu equipo que no se salga mucho de sus Casillas, que un tropiezo lo tiene cualquiera (pero uno detrás de otro, lo tiene el Madrid …).

6º A: Tranquilo. Nos vemos en el tradicional baño en la Cibeles, para festejar el final de la liga (de paso a ver si te ahogas culé de mierda …).

Así pues, querido lector, según con quién comparta el viaje, ya sabe lo que hay.

Con Dios.

P.D.: disculpe el lector algunas expresiones malsonantes, son necesarias en favor del realismo de la escena.

miércoles, 30 de enero de 2008

Amor al arte

Vengo estos últimos días hablando con algunos compañeros de trabajo sobre “el amor al arte”. Como es lógico, cada cual aporta su opinión y las hay para todos los gustos, pero hay algo en lo que estamos todos de acuerdo: cada vez se hacen menos cosas “por amor al arte”.

Reflexionando sobre el particular, me he acordado de una anécdota reciente muy significativa.

Hace unas fechas, terminando ya el año 2007, cierto día por la noche, serían más o menos las 21:00 h, llamaron al timbre de mi casa. Era una vecina a la que yo apenas conocía de saludarnos en los inevitables cruces. La señora tenía un problema y es que se le había ido la luz. Habiendo comprobado con otros vecinos que ellos no tenían problema con el suministro eléctrico, se preguntaba si yo, como presidente de la comunidad de vecinos, tenía idea de a qué se podía deber el corte.

Yo, como presidente, no tenía ni idea, pero sí por mi experiencia profesional anterior. Le comenté que, con toda probabilidad, el fusible de protección de su contador, se habría fundido.

¿Y ahora qué hago? ¿A quién llamo? – preguntó la señora con preocupación.

Primero, vamos a ver si ha sido esa la causa o no – dije yo.

Fuimos al cuarto de contadores, comprobé el fusible y certifiqué su defunción.

Tendré que llamar a la compañía – me dijo con tono desvalido.

No se preocupe – le contesté – aquí al lado hay un almacén de suministros industriales que igual aún está abierto. Me acompaña, compramos otro fusible y yo se lo coloco, porque si llama a la compañía, amén de que van a tardar bastante, le cobrarán 60 € por la historia.

Es que tengo a los niños a medio cenar. Mejor le acompaña mi marido – me dijo.

Llamó a su marido y nos fuimos al almacén, que, por suerte, estaba abierto aún. Yo comenté al vecino que mejor pagaba yo porque en ese almacén no venden sino a profesionales y a mi me conocían.

Es que yo no tengo más que un billete grande – me dijo.

No se preocupe que yo llevo. Ya me lo dará otro día – le contesté.

Así fue como por poco más de euro y medio veinte minutos más tarde, mis vecinos tenían su instalación eléctrica a pleno rendimiento.

Desde entonces, no he vuelto a saber nada de ellos, ni del euro y medio, por supuesto. Tampoco me va a sacar de pobre un euro y medio, de modo que la anécdota cayó en el olvido.

La cosa es que hace unos días, me crucé con el vecino y a mi “hola” el buen señor miró para otro lado, con muy poco disimulo, y ni me contestó.

Ahora, querido lector, si es usted de la opinión de que el que suscribe es giliflautas de solemnidad, deje un comentario en ese sentido. No se lo tomaré en cuenta, ya que seremos al menos dos de esa opinión.

Con Dios.

Radio La Ortiga