miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz Año 2009

A pesar de mis ausencias, no podía dejar de desearle, amigo lector, toda la felicidad posible para el 2009 y que la crisis, o lo que quiera que sea eso que nos venden, sea benévola para todos.

Renuevo mi deseo de volver pronto para hacerme cargo de la nave como desearía, pero con los líos que llevo últimamente entre manos, no pudo prometer más que intentarlo.

En todo caso, querido lector, gracias por estar ahí y, lo dicho: feliz año 2009.

Con Dios.

domingo, 5 de octubre de 2008

Hello.


Bueno querido lector … ya estoy de vuelta. No sé si pedirle disculpas por desaparecer tanto tiempo sin decir nada, o por volver de nuevo sin avisar. En todo caso, agradezco el interés demostrado por algunos amigos que han seguido visitando el barco a pesar de mi ausencia.


Me he concedido un descanso blogueril durante el cual he disfrutado de un verano con todas las características propias de la estación por esta aguas: invasión de turistas mutantes (primero blancos, después rojos y finalmente despellejados), treinta y muchos grados acompañados de una humedad relativa cercana al 80 % (lo que explica el poco éxito que tienen las saunas por aquí), fiestas tradicionales en las que se ha consumido más pólvora que en Vietnam, con sus explosiones, tiroteos y demás, amenizadas por orquestas que sonaban aún peor que la pirotecnia … vamos, un clima de relax y serenidad como para hacer ejercicios espirituales.


Ya al principio del verano, intenté una huida que me llevó a aguas británicas, concretamente a Londres. Había estado en otra ocasión, pero esta vez, acompañado de amigos nativos, pude conocer la ciudad mejor y vivir más cerca las costumbres de sus habitantes.


En ese sentido, el viaje resultó francamente corto, pues las costumbres inglesas son ciertamente muy particulares. Por ejemplo, nunca llegué a acostumbrarme a buscar la parada del autobús en la acera correcta. Uno está acostumbrado a que el vehículo le venga por su izquierda, para llevarle hacia su derecha … en Londres, no. Y no solo ahí, me han dicho que en el resto del Reino Unido también circulan por el otro lado.


Una cosa que sí me llamó mucho la atención fue el nivel cultural de los británicos. Fíjese, amigo lector, que los niños, desde su más tierna infancia, ya hablan inglés y muy bien por cierto.


Lo dicho: muy corto …


De vuelta a aguas patrias, encontré que el país seguía inmerso en un debate entre la psicología y la física. Mientras la oposición se empeñaba en hablar de crisis, el gobierno insistía en la desaceleración. Todo ello para intentar describir una situación bien sencilla: el bolsillo del españolito de a pie está más pelado que una bola de billar. Pero no vaya a pensar que nos va mal por eso, oiga … ¡Que ganamos la Eurocopa de fútbol! ¿A quién le importa si esto es una crisis o una desaceleración si somos campeones de Europa? Los que están en crisis o desacelerados son los alemanes que perdieron la final. ¡Ya quisiera Alemania ser como España!


Bueno, querido lector, no me voy a extender más. Piense que he estado unos meses sin escribir y así de golpe podría sentarme mal, podrían empezar a dolerme los dedos, los ojos, el teclado … Podrían morírseme unas cuantas de las pocas neuronas que me quedan vivas.


Hasta la próxima flipada, quede usted


Con Dios.


domingo, 11 de mayo de 2008

Flipada nº 19 (Flipó mi tía)

¿Cuántas veces habrá oído, querido lector, la frase “es para mi como un hijo”? Tal vez, incluso la haya empleado más de una vez … puede que cambiando el filial parentesco por uno fraternal, o paternal, o …


Siendo que, cuando empleamos el término, nos suele guiar un gran afecto hacia la persona objeto, me permitiría sugerir desde aquí que se guarden ciertas precauciones en su uso.


Si le sale del alma, dígalo, no se preocupe. Pero, por su bien, no insista demasiado en el tema. Verá por qué lo digo.


Hace un par de años y pico, mi esposa fue invitada a visitar Guinea Ecuatorial, por una amiga que, aunque de nacionalidad española, es nativa de ese país. Mi mujer, que es aficionada a viajar hasta el fanatismo, no pudo resistirse a la invitación y allá que fue. Fíjese el lector que no soporta la idea de las inyecciones (de hecho se pone mala con la sola mención de un pinchazo) y pasó estoicamente todo el protocolo de vacunación recibiendo más pinchazos que un toro de lidia, con tal de no perderse el viaje. Pero en fin, no es ese el tema.


La cosa es que una vez allí, conoció a toda la familia de su anfitriona entre la que se encontró a un muchacho de unos veinte años, quien le contó que no había podido consumar sus intenciones de estudiar por falta de medios en su familia y en su país en general. Mi señora, que además de viajera tiene vocación de ONG unipersonal, le dijo que si se atrevía a venir a España, ella le costeaba los estudios. Apunto entre paréntesis, que yo de todo esto, en el más depurado estilo Rodríguez: no tuve ni idea hasta su vuelta.


El muchacho aceptó y pocos meses después aquí estaba. Mi mujer comentaba orgullosa a los cuatro vientos que era como adoptar un hijo, incluso se lo dijo a él, que desde entonces se dirige a ella como “madre”.


Un buen día, estando el muchacho solo en nuestra casa, sonó el teléfono y él diligentemente lo atendió. Era una tía mía. Pero una tía de las importantes, de esas que le han visto nacer a uno, etc., etc.


Dígame – contestó el muchacho.


Hola. Preguntaba por Garfio. Soy su tía – contestó mi tía.


No está. Yo soy su hijo. Si quiere algún recado … - continuó él.


¡Uy! No. Me debo haber equivocado. El Garfio que yo digo no tiene ningún hijo mayor, solo una hija – se disculpó mi tía.


El muchacho, en vista del equívoco, intentó resolver la situación y …


No, no. Ha llamado usted bien – contestó – en realidad SOY HIJO DE SU MUJER.


Le ahorro al lector el resto de la conversación, que incluye un medio ataque de nervios de mi tía, quien, en cuanto colgó el auricular (mi tía es tradicional y usa un teléfono fijo), llamó a mi madre para pedirle explicaciones.


Así pues y a modo de moraleja, querido lector, demuestre su cariño y afecto cuanto quiera, pero calibre bien el alcance sus efusiones. Si no lo hace por usted, al menos hágalo por su tía.


Con Dios.

Radio La Ortiga