martes, 3 de julio de 2007

Naturaleza Viva (Episodio 1)

Hay un spot publicitario que nos indica que “la naturaleza es sabia, pero no tanto”, casi nunca presto atención a este tipo de reclamos, pero la otra noche me acordé de éste y eso ha dado a luz el primer episodio de una serie en la que les contaré errores de la Madre Naturaleza.

Estaba yo tranquilamente de charla con Morfeo, cuando, de pronto, sentí un picor extraordinario en el brazo, que hizo que Morfeo se fuese a hacer puñetas y yo me despertase de mi apacible sueño. Encendí la lamparita de la mesilla de noche (en Nunca Jamás ya tenemos suministro eléctrico) y comprobé que había sido salvajemente atacado por un mosquito y tenía un grano del tamaño de un garbanzo. Digo yo: si el mosquito necesita su microgramo de mi sangre y sin pedir permiso, la toma ¿por qué encima me tiene que dejar el recuerdo de su visita?

Si la Madre Naturaleza hubiera pensado en ello, yo no me habría dado cuenta del hurto y el mosquito y yo nos habríamos ahorrado el episodio que siguió. Porque claro, la Madre Naturaleza, sí que pensó en las posibles represalias y diseñó al insecto prácticamente invisible o, en todo caso, muy difícil de localizar a las tantas de la madrugada, medio zombie y con un picor casi tan grande como la mala leche generada por el mismo.

Ahí me tienen a mi escudriñando minuciosamente cada rincón de mi dormitorio y ¡que si quieres! El caso es que es prácticamente invisible, pero no inaudible, es decir, SABES QUE ESTÁ AHÍ porque lo oyes y sabes que volverá a hacerlo. En uno de mis barridos visuales lo localicé, sabiamente camuflado como formando parte de una de las aristas de mi cama (luego digan lo de “cerebro de mosquito”, digan). Con un movimiento raudo y certero, que me sorprendió gratamente habida cuenta de mi "forma física" me abalancé sobre él y … ññññññiiiiiiiiiiiiii … ¡Seguía vivo el condenado insecto!

Fracasadas las armas convecionales, pasé a la guerra química, colocando un aparatito de esos eléctricos matabichos, que tardan en actuar un buen rato. El caso es que entre unas cosas y otras, estuve despierto lo menos una hora hasta que olor del aparatito en cuestión, me indicó que si a mi me estaba mareando, el mosquito debía estar recibiendo los sacramentos e intenté reiniciar mi conversación con Morfeo, donde la había dejado. Apenas lo hube conseguido, actuó el peor enemigo del ser humano: el despertador.

Moraleja: si la Madre Naturaleza no hubiese dispuesto que la picadura de un mosquito causase esos granos tan molestos, nada de esto sucedería, el mosquito podría seguir ejerciendo su labor vampiresca y yo a lo mío con Morfeo.

Con Dios.

sábado, 23 de junio de 2007

Flipada nº 6

Como lo de ir a la moda no me fue bien y acabé en urgencias escoltado por dos policías, he decidido dedicarme a otra cosa. Tras mucho cavilar y cavilar y dequecavilar, creo que voy a hacerme comentarista de fútbol. Es que todo son ventajas: ves los partidos gratis (a mi el fútbol no me vuelve loco, pero a caballo regalado ...), puedes reinventar el idioma y hasta hace gracia y se ponen de moda toda la gama de giliflauteces que dices, viajas a gastos pagados, es más, te pagan bien.

Pero claro, uno no puede presentarse en una cadena de televisión o emisora de radio sin más. Es por ello que he estudiado a fondo a los maestros del gremio y he tomado unos apuntes para ilustrar los diferentes lances de un partido:

A) Dominio de un equipo en el centro del campo, con mucho pase corto: "tiki-taka, tiki-taka, tiki-taka ... etc. etc.". Es conveniente cuidar de no poner demasiados tikis-takas, ya que si el partido es aburrido y encima los tikis-takas, el share de audiencia se puede llegar a contabilizar por los intentos de suicidio.

B) Gol de un delantero, desde fuera del área, pero que estaba en fuera de juego (offside en inglés, "orsai" en castizo): "el ariete arranca en posición ilegal y de un potente cañonazo, fusila al meta contrario". La ventaja que tiene dominar este tipo de argot, es que si te quedas sin trabajo, puedes presentarte como corresponsal de guerra. (Propongo al lector un ejercicio de visualización de la escena fuera del contexto futbolístico).

C) El partido aburre, hay que generar estadíticas tipo: "(*): equipo cuyos jugadores más escupitajos mocosos lanzan en liga. 360 por partido, uno cada 15 segundos". Es fácil hacer estadísticas con el fútbol, animo al lector a que observe cualquier cosa de un partido y haga una estadística.

D) Y, lo más difícil:
"golgolgolgolgolgolgolgolgooooooooooooooooooolllllllllllllllll, goooooooooooooooooooooooooooooooooooooool del (**)" Aquí hay que cuidar dos cuestiones: una tener una abreviatura para el nombre del equipo que marca, si es largo, porque no te va a quedar aire en los pulmones para decirlo entero y la otra tener cerca una botella de oxígeno con mascarilla para recuperarte.


(*) Ponga el lector al equipo que peor le caiga.
(**) Ponga el lector al equipo que mejor le caiga.

Ya les contaré.

Con Dios

miércoles, 20 de junio de 2007

¿Quién manda?

Siempre se dice que un político promete muchas cosas en la campaña electoral, pero que luego cuando está “arriba” hace lo que todos. Y muchas veces se añade que “se ve que no se puede hacer de otra forma”. Curioso ¿no?

Planteo la cuestión: si el que gobierna no PUEDE cumplir sus promesas, realmente ¿quién manda?

Un político se vende en campaña, para lo que utiliza publicidad y, sobre todo, medios de comunicación. Lo que ocurre es que eso cuesta mucho dinero y ¿quién tiene el dinero? Los Bancos.

De modo que si yo tuviese dinero y quisiera invertir en poder, me compraría un banco y un grupo editorial, pero de forma que fuese una sociedad anónima con muchos socios. Eso sí: yo con capacidad de decisión.

Que el político no me gusta: le cierro el grifo financiero y lo crucifico en los medios. Si además quiero que me dure el chollo, procuraré mantenerme bien lejos de la opinión pública y me limitaré a mandar por delegación.

Esto es sólo una teoría, pero si el lector es curioso, le propongo un ejercicio: busque conexiones entre grandes bancos y medios de comunicación.


Con Dios

Radio La Ortiga