miércoles, 22 de agosto de 2007

Usando la cabeza

Esta anécdota ya la conté en un blog amigo, “El Mundo de Angie”, pero se me antoja muy ilustrativa para el lector que quiera saber de qué manera, súbitamente y sin premeditarlo, puede uno encontrarse interpretando la mayor de las situaciones ridículas:

No me gusta esperar, ni que me esperen. Considero la puntualidad una virtud e intento por tanto ser lo más virtuoso posible, al menos en este tema. Así pues, iba yo a toda prisa al encuentro de unos amigos con quienes había quedado, apretando el paso, transitando por uno de esos paseos con centro embaldosado que tan bonito queda en la postales, pero que tan traidor resulta cuando ha llovido o lo han regado.

El bulevar estaba muy transitado, por lo cual tenía que sortear continuamente a la gente que paseaba en uno u otro sentido. Reconozco que, por aquel entonces, yo era algo más estrecho de cintura, lo cual facilitaba enormemente la maniobra.

La cuestión es que no recuerdo si había llovido o habían regado el paseo, pero en ciertas zonas del desigual firme se acumulaban charcos de agua. En uno de los regates a un transeúnte (un señor más bien mayor y más bajito que yo), mi pie izquierdo fue a parar a uno de esos charcos y resbalé de forma que me escoraba hacia la izquierda en inequívoca trayectoria hacia el suelo. Pero no llegué a morder el piso. Me frenó un imponente cabezazo que, en mi caída, le propiné al señor bajito, que en ese momento debió pensar en el fin del mundo o algo peor.

El buen señor no salía de su asombro y la muchedumbre que pasaba por allí tampoco ante la insólita imagen de un tipo dándole, sin más, un soberbio testarazo a un pobre jubilado. Yo no encontré ningún agujero en la tierra para que se me tragase en ese momento. Pedí al señor mil disculpas (de las cuales no estoy seguro de que acusara recibo pues aún tenía cara de desorientado) y me fui de allí todavía más deprisa, pero eso sí, mirando al suelo por precaución y por no tener que mirar a la cara de los sorprendidos paseantes.


Con Dios

26 comentarios:

TheJab dijo...

¡Pum!

elvira carvalho dijo...

E porque será que o tal buraco para escondermos a nossa consternação perante a asneira, nunca está por perto quando precisamos dele?
Um abraço

Garfio dijo...

Thejab: pues eso ¡pum! Ahora que al buen señor no sé cómo le sonaría.

Elvira: le aseguro que si llego a encontrar el agujero, me meto dentro aunque sea de cabeza. Obrigado.

José Antonio dijo...

Pero seguro que ahora a toro pasado se alegra Vd., Capitán. Piense que, de no haberse encontrado en su camino con la testa del confiado transeúnte, la suya de Vd. se habría estampado contra el traicionero embaldosado, ocasinándole, a buen seguro, peor perjuicio.
Atentamente.

Garfio dijo...

José Antonio: en efecto, las consecuencias físicas fueron menores, pero tuvo que ser para haberlo filmado y mandarlo a los concursos de vídeos. Digo "tuvo que ser" porque claro yo, en realidad no lo vi bien. Gracias por su visita.

Bugman dijo...

Cuando nos encontramos en esos trances, lo mejor es repetir la maniobra para que los espectadores crean que fue a propósito. Yo hubiera pegado dos o tres cabezazos más a paseantes elegidos al azar. Seguro que después de eso le dejaban el camino despejado.

El vulcano dijo...

Es lo que decimos en Vulcano, ante un problema, lo mejor es utilizar la cabeza....Saludos.

Gentleman dijo...

uuuuuuuuuu, duele mucho un cabezaso y mas si es de sorpresa!, pienso como usted, no me gusta esperar ni que me esperen.
saludos

ateneaniké dijo...

jajaja que anécdotas tienes eh!! muy buenas. Yo creo que también hubiese buscado un sitio donde esconderme. Ahora, la idea de Bugman también está muy buena, seguir golpeando gente jaja, seguro que queda todo el camino libre.
Besos.

Alfonsina dijo...

Pobre hombre!!! yo una vez le pegue un soberano asientazo en un tren a un señor... es complicado de contar, pero la cuestion es que le abri la cabeza y le salia mucha sangre... pobre, y para colmo el me decia a mi que no me preocupe!!!

mar dijo...

Siempre me haces reir con tus historias y es que mi imaginación va al compás de ir leyéndote he visto hasta la cara del pobre viejecito...
Un besito.Mar

MonikaMDQ dijo...

Vaya momento!! trágico-doloroso para el que recibíó el cabezazo inesperado pero muy cómico para nosotros al leerlo. Y es verdad, en esos momentos no sabemos dónde meternos...
Muy buen relato, entre el mismo y "el asunto campanilla" me voy riéndome de aqui -como casi siempre- y te lo agradezco muchisimo.
besos

T-Max dijo...

Dolorosa historia... Tanto por el cabezazo como por la vergüenza... Este tipo de cosas sólo nos pasan cuando hay más gente mirando.
Me hizo acordar cuando, por saludar a "alguien" (nunca pude enterarme de a quién había saludado) que caminaba por la vereda de en frente, me pegué un semaforazo en la cabezota. Caminé aturdido las siguientes 3 cuadras...
Pero ahora, es una anécdota graciosa =D
Un abrazo

Garfio dijo...

Bugman, no es mala solución, pero es que ... le cuento: yo cuando hice la mili tenía la PENÚLTIMA talla de gorra (por exceso), lo cual significa que tengo un buen tamaño de "almendruco". Con eso y la Convención de Ginebra (que usted ya le contó al vikingo) podrían acusarme de crímenes contra la humanidad.

Vulcano: sí pero ¿está usted seguro de que era en ESE sentido?

Gentleman: me dolió a mi, imagínese al pobre señor.

Ateneaniké: yo, usando la cabeza, ya digo que hubiese preferido lo del agujero.

Alfonsina: ¡jo! lo suyo es todavía más fuerte. Mi hombrecillo, no llegó a sangrar. Eso tiene usted que contarlo con más detalle.

Monika: el agradecido soy yo por vuestras visitas.

MonikaMDQ dijo...

garfio, para mi, a la persona q te hace pasar un buen momento es para agradecérlo :)
Pasate por mi blog garfio, te tengo un regalo, o premio, o prefieras.
Te espero, ok?
besos

Stella dijo...

Hola, me mandó Dios!!

jajajaa qué lástima que no estuve ahi para ver eso!!
Hubiese sido divertido!!

Isoldita dijo...

Ajajaja, pobreee viejitooo... debe haber quedado maltrehecho... imagina lo que llegó contando a su casa el pobre?

Buenas anécdotas, pasaba por aquí y te dejo saludos!

*.

Garfio dijo...

T-max: en efecto, por alguna razón, este tipo de exhibiciones siempre tienen público. No se preocupe, a mi me pasó lo mismo que a usted con una farola, pero eso es otra historia. Bienvenido a bordo.

Monika: ya le he dejado comentario en su blog. En breve, pondré al día la cuestión en el mío. Una vez más, gracias.

Stella: me alegro de que haya atendido el mandato divino y le doy la bienvenida a bordo. La verdad es que, como ya he comentado, tuvo que ser para haberlo filmado. Saludos.

Isoldita: también bienvenida al barco. Pase todas las veces que quiera. En cuanto al pobre señor, imaginar que llegó a su casa y pudo contar ALGO, en cierta manera me tranquiliza.

Patri dijo...

Jajajajajajajaja.... A mí me pasó algo parecido, pero me echaron la bronca, jajajaja.

Besotesssssssssssss

Garfio dijo...

Patri: cuente, cuente.

esteban lob dijo...

La escena, por ser tan buena, la repitió en un Mundial de fútbol Zidane.
¿O era Garfio disfrazado de francés?

Alucard dijo...

Pues caray, no detuvo la caída el suelo, pero si un jubilado de mayor edad y estatura pequeña. Sin duda caminar con piso mojado es toda una odisea, pero creo que cuando llueve es un poco más preferible mojarse, que arriesgarse a golpear contra el suelo o contra un jubilado.

Garfio dijo...

Esteban: no, no era yo. Era el de verdad y además lo mío fue sin querer y sin mediar provocación.

Alucard: pues sí. No se crea que, aunque pasado ya bastante tiempo, todavía me acuerdo de la expresión del hombre.

Mónica. dijo...

A mi no me gusta esperar...pero soy tan impuntual...
Bsss

Caro dijo...

Capitán!muy simpática la anécdota!

( pobre el señor bajito,pero si lo vemos desde otro ángulo, él también tiene una anécdota que contar gracias a Ud.).

Yo solía ser más puntual, hoy tengo que esforzarme, y casi le digo que por unos 5 o 10 minutos de demora lo logro;)


Un abrazo colega!
caro

Garfio dijo...

Mónica: hay que se puntual. Es fácil. Yo he tenido temporadas en que no lo he sido (al menos en la medida en que me gusta), pero me puse las pilas.

Caro: ¿qué van a pensar tus alumnos? Vamos, vamos.

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